Entre Copas y Cuerpos
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Sobre mí

Una idea nacida de la curiosidad, el vino y muchas conversaciones pendientes.

El origen

Realicé el Máster en Sexología en INCISEX, un Máster de Formación Permanente en Educación y Asesoramiento Sexual adscrito a la Universidad de Alcalá. Durante esos años descubrí algo que me resultó profundamente revelador: la mayoría de las personas convive con un gran número de preguntas sobre su deseo, pero cuenta con muy pocos espacios donde poder expresarlas con libertad, comodidad y sin juicio.

La consulta clásica, el taller formal, la charla académica. Todos tienen su lugar. Pero algo faltaba. Un espacio más humano, más informal, donde la conversación pudiera surgir de forma natural.

El vino como puerta

La idea fue tomando forma a partir de algo que observé una y otra vez en mis dos mundos: cuando las personas se permiten disfrutar, detenerse y compartir una experiencia sensorial, algo cambia. El ritmo se suaviza, la presencia aumenta y aparecen conversaciones que, en medio de las prisas cotidianas, rara vez encuentran espacio. El vino, en ese contexto, actúa como un facilitador. No por la copa en sí, sino por todo lo que representa: un momento de pausa, de disfrute compartido y de atención a los sentidos. Es ahí donde las preguntas importantes encuentran lugar, donde la escucha se vuelve más genuina y donde surge la posibilidad de encontrarse de una manera diferente, más consciente, más cercana y más auténtica.

Entre Copas y Cuerpos nació de ahí. De la intuición de que el vino y la sexología podían convivir en un mismo espacio para dar lugar a algo diferente: encuentros grupales donde acercarse a la intimidad desde la curiosidad, la experiencia y el disfrute, sin la estructura ni las expectativas de una consulta. Un lugar donde aprender sin sentir que se está aprendiendo. Donde conversar sobre deseo, comunicación, placer o vínculos de una forma natural, acompañados por el vino como invitación a detenerse, a habitar los sentidos y a estar presentes. Porque muchas veces no necesitamos más información. Necesitamos espacios. Espacios para hacernos preguntas, para compartir miradas distintas, para descubrir nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con quienes elegimos compartir la vida. Eso es lo que busco crear en cada taller: una experiencia que combine reflexión y disfrute, profundidad y ligereza, conocimiento y juego. Un lugar donde la intimidad pueda explorarse sin juicios, con curiosidad y con la tranquilidad de saber que no hay nada que hacer bien ni ninguna meta que alcanzar. Solo la oportunidad de abrir una conversación diferente. Una conversación que empieza en el encuentro, pero que no termina ahí: que se queda resonando, que acompaña, que abre nuevas preguntas y nuevas formas de estar con el otro y con uno mismo. Y quizá, en ese pequeño desplazamiento, es donde ocurre lo más importante.

La filosofía

La intimidad no debería ser incómoda de hablar.

Grupos reducidos

Máximo 10 personas por taller. El tamaño importa: más espacio, más escucha, más participación real.

Sin agenda clínica

No es terapia. No es coaching. Es una experiencia guiada que combina conocimiento y conversación.

Entorno seguro

Confidencialidad, respeto y ausencia de juicio como base de cada encuentro.

¿Curiosidad? Es el mejor lugar para empezar.

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